EL HOMBRE TRANQUILO (DAGÓN Tercera y última parte)
José Manuel me sacaba la cabeza literalmente, y eso que yo no soy precisamente bajo. Mi jefe contactó con él para que formara una empresa de mano de obra que trabajara únicamente con nosotros. Gracias a sus conocimientos mercantiles, que no constructivos, José Manuel fundó una sociedad de la noche a la mañana, y empezó a nutrirse del personal que en realidad le proporcionábamos nosotros. Además de su altura, imponente, tenía una cabeza enorme, y un pelazo que, sin ser melena, se le acercaba bastante, tachonado de mechones blancos y negros a pesar de no tener por aquel entonces mucho más de cuarenta años. Cuando me lo presentaron me pareció alguien muy serio, incluso siniestro. A los dos días de conocernos me dijo, sin venir a cuento: — Blas Piñar a mi lado es la Pasionaria. Y a continuación se echó a reír. Reía de una forma muy curiosa, como silbando, sin hacer mucho ruido, pero le temblaba todo el cuerpo cuando lo hacía. Poco a poco me fui dando cuenta de que de serio no ten...