LA CRÓNICA DEL SIN NOMBRE
A mediados de febrero de 1992 comencé a trabajar en una de esas empresas de las que prefiero no recordar ni el nombre. Todavía no imaginábamos lo que iba a ocurrir, pero el 92 iba a ser en teoría el Año del Cometa. La Expo en Sevilla, las olimpiadas en Barcelona... Los fastos del 92 que iban a convertir a España en el centro del mundo. Tiempos convulsos en los que muchas constructoras tradicionales se hundieron en la miseria mientras otras trataban de forrarse aprovechando aquel momento de locura colectiva. ESPABILADILLO CONSTRUCCIONES (nombre falso, por supuesto. Ya he dicho que prefiero no acordarme del nombre real) era una de las que trataban de forrarse a costa de lo que fuera. estaba regentada por un individuo muy especial, sin escrúpulos, y bastante rácano a la hora de pagar las facturas de las empresas que colaboraban con él. Tenía vínculos familiares (era primo suyo) con uno de los promotores más importantes de Fuenlabrada, que le había contratado un par de promociones en ese...